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. jueves, 23 de abril de 2009
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De la decepción al forzamiento o
¿Donde quedó mi príncipe azul?


La decepción resulta ser un fenómeno común en la mayoría de las parejas. Como comentamos en el artículo anterior, cuando deseamos afianzar la relación con nuestro enamorado (a) mostramos al otro lo mejor de nosotros mismos, pero una vez que la relación ya esta establecida de manera segura, ¡Fuera máscaras¡ ¡ya no es necesario fingir!

Esto sucede muchas veces al poco tiempo de haberte casado, después de descubrir que eres indispensable en su vida y ya que le confesaste que nadie en el mundo te comprende como él. Vamos reconociendo la diferencia, cuando decimos ¡oye pero como has cambiado!

Y es que observas, que antes se arreglaba, se perfumaba para ti. Ahora si no es para ir al trabajo, siempre está en pants y sin bañarse. El aliento a menta fresca que te cautivó durante todo el noviazgo ha desaparecido, sus besos en vez de saber a clorets, saben a tabaco rancio o a tacos de carnitas y también descubres que una de sus más grandes habilidades es eructar.

Añoras tu antiguo descanso pues desde te quedas a dormir con él has descubierto que ronca de una manera que tortura tu alma, no puedes dormir a su lado, aunque lo amas: algunas noches terminas durmiendo en la habitación de al lado o en el sofá de la sala. Por supuesto, olvidémonos de esos días del sexo espontáneo a la media noche o el despertar abrazaditos.

Ahora cuando van al cine él escoge la película, argumentando que las que te gustan a ti son cursis y aburridas. Muchas de las cosas que haces para él, de inmediato son comparadas con las que hace tu suegra, y hasta te pone con ella al teléfono para que “mejores” tus recetas o cualquier otra cosa. Es entonces cuando sientes ganas de mandarlo de regreso a la casa de su mamá. Y recuerdas con tristeza… mi madre me lo advirtió pero no quise escucharla.

Entonces te decides y dices ¡hasta aquí!, ya estuvo bueno; hablas con él, pones las cartas sobre la mesa. Pero resulta que ¡el también tiene un montón de quejas sobre ti! Siente que ya no tiene su espacio, que todo en la casa está puesto a tu modo y que para encontrar sus calcetines y sus calzones tiene que pedirte el “manual de distribución de las cosas en la casa”. Te confiesa que odia que a todo le pongas cebolla y que los pepinos le causan agruras, que extraña salir con sus amigos y que le cansa que te pongas como niñita chípil a pedirle besos y abrazos cuando el está a medio partido de fútbol.

Te sorprende todo eso que no sabías de él, pero más te sorprende saber que lo que tu das no siempre es algo que él necesite y que lo que le pides a veces es muy inoportuno.

Deciden entonces hacer “acuerdos” para seguir conviviendo de la mejor manera

-Escoges días y horarios en los que puede ver y hablarle a su mamá.

-Te comprometes a ser puntual (pero le dices que no estaría mal que te regalara un buen reloj para que lo logres)

-Le recomiendas que baje de peso y que vaya con el médico para ver que se puede hacer con sus ronquidos.

-Le ofreces no molestarlo cuando vea el fútbol y mejor te vas de compras siempre que haya partido.

-Le dejas todos los calzones y calcetines en su buró al lado de la cama, para que no pierda tiempo en las mañanas.

Todas estas condiciones que se imponen uno al otro, son difíciles de sostener por más de un mes, es entonces cuando empiezan, los chantajes, las amenazas el sometimiento mutuo y las venganzas:

-Como no hace nada por atender sus ronquidos, piensas más de una vez en asfixiarlo con tu almohada.

-El se la pasa horas después de la cena chateando con su ex mientras tu esperas calladita para no invadir su espacio.

-Las conversaciones de la sobremesa comienzan a plagarse de indirectas, sarcasmos.
-Te aguantas cada vez más ante las comparaciones con su mamá y el menosprecio a lo que tenga que ver con tu familia.
-Lo manipulas para que te compre lo que quieres diciéndole de vez en cuando que te la pasaste súper en el cumpleaños de su abuelita.

Y el se ríe de cómo te enojas cuando le estás platicando tus problemas y él no deja de contestar su celular. Aunque llores te “explica” que justo cuando tú le hablas, le surgen mil cosas por hacer.

Es justo en ese momento donde te das cuenta que ya nada es igual, te preguntas ¿Dónde quedó mi príncipe azul? O ¿era un sapo, que yo confundí con un príncipe? Ahora están en una etapa de forzamiento, donde cada uno quiere que el otro cambie para que puedan ser felices, es un constante estira y afloja, pero ambos se quieren y deciden que aunque las cosas se están poniendo cada día más difíciles en realidad quieren seguir juntos.

Estimado lector no dejes de leer es siguiente artículo, donde ahondaremos más en este tema de la relación de pareja.


LA GUERRA DE PODER EN LA PAREJA (PARTE I)

LAS PRINCESAS Y LOS PRINCIPES AZULES (PARTE II GUERRA DE PODER)

DE LA DECEPCIÓN AL FORZAMIENTO (PARTE III GUERRA DE PODER)

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