Conversaciones de la guerra de pareja
Seguimos desglosando la parte más álgida de la secuencia de la pareja, sí nos referimos a la Guerra, esa parte que sigue a la decepción, al forzamiento, a condicionar a la pareja y a los mecanismos que mencionamos en el artículo anterior: la amenaza, la manipulación etc. Y aunque suena bastante duro, esa es sólo la primera parte, es increíble hasta donde podemos llegar en nuestra exigencia de que el otro cambie.
Veamos los siguientes ejemplos dispuestos en una charla entre amigos:
Comienza Roberto: Ahora que lo dices Manuel, me haces recordar mi vida de casado, hay todavía en mí un dolor muy intenso, todavía arde y sin darme cuenta, siento como se abre la herida y las preguntas saltan atropelladas, buscando respuesta, pero las que más me pesan son :

¿Ella es culpable?
¿Yo soy culpable?
Cuando íbamos a una fiesta o reunión siempre éramos el centro de la atención, porque nos gustaba bailar mucho, al llegar siempre nos recibían con una bebida, para ponerse a tono, y luego era bailar ritmos alegres y de mucho movimiento. Pronto empezaban las sonrisas por parte de ella hacía otros hombres y yo también buscaba mirar y atraer la atención de alguna mujer para iniciar el coqueteo, pero cuando me cansaba de esto -porque ya no le encontraba sentido al juego y el efecto de los celos se presentaba dentro de mi quemándome las entrañas-, yo me dedicaba a buscarla de nuevo a ella, amorosamente. Me confundía porque entonces se volvía más provocativa, y bailaba con otros hombres dejándome totalmente envenenado, la inseguridad era dueña de mis sentimientos y el dolor se apoderaba de mí.
Yo me desquiciaba y tomaba tanto como pudiera, para no armar el escándalo, cuando ella me veía ya tomado, empezaban los arrebatos, las reclamaciones, los insultos y cerraba siempre con un ¡nos vamos ya en este momento! En lo más divertido de la reunión. Y seguían los reclamos en el coche, al llegar a la casa y así era siempre.
Al llegar a la casa ella empezaba a reclamar e insultar y yo respondía en la misma forma. Hasta que los gritos eran tan cargados de rencor, que el motivo de la discusión se ampliaba, nos reclamábamos cosas de años anteriores, de tantos y tantos momentos de desprecio y celos. De plano la cosa era vencer a la contraparte sin escucharnos, solo hiriéndonos mutuamente, hasta que ella empezaba a aventarme los platos o a pegarme con lo que tenía a la mano, al inicio, me sorprendía y solo me defendía, pero era cosa de nunca acabar, ya luego yo la atacaba a golpes hasta que se callaba y se quedaba chillando, terminaba todo cuando ella me decía poco hombre ponte con otro igual a ti, no con una mujer.
El sentimiento de culpa me inundaba por haberla golpeado, y por los recuerdos que tenía de infancia, de la violencia infringida a mi madre por mi padre y esa absurda educación de respetar a la mujer basada en el dicho de “A la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa” que curiosamente decía mi papá a cada rato, aunque se sonará a mi mamá.
Manuel r
espondió burlonamente: Es cierto, “no se le toca ni con el pétalo de una rosa” se le pega con el cinto pa΄ que se calle”. Y agregó; en mi caso fue curioso, porque fíjense que los dos éramos muy jóvenes cuando nos casamos por que ella salió embarazada y ninguno terminó una carrera. A mi me gusta el estudio y quería volver a la escuela, pero en mi afán de igualdad entre los dos, de mejorar nuestra vida de familia y sobretodo de darle a ella la oportunidad de crecer, le propuse en una ocasión que platicábamos nuestro futuro y el de nuestra hija, que ella estudiase primero lo que fuera, que podía ser desde cultura de belleza, terminar la secundaria o hasta una carrera, lo que ella quisiera, pero que tuviera algo que le permitiera enfrentarse a la vida por si acaso yo muriera o llegase a quedar invalido.Ella acepto y estudio inglés, taquigrafía en inglés, y no recuerdo que más cosas. Un día dijo que ya no quería más, que con eso era suficiente para ella y fue el momento entonces para mi: volver a la escuela, acabar mi preparatoria y luego una carrera, ¡imagínense! Yo estaba feliz pero pronto los reclamos de parte de ella iniciaron.
Al principio decía que la dejaba sola con el quehacer de la casa y la atención a mi hija, siguieron los celos, inventó que yo andaba con otra mujer, que ya no la quería, y luego fue peor, que yo estudiaba para abandonarla cuando terminara, que así le había pasado a su tía Martha y no quería le sucediera lo mismo. Y cada vez exigió y peleó que abandonara la escuela, y cuando lo hice, cuál fue mi sorpresa, ella inició un negocio del cual yo no supe nada hasta el día en que dejo el trabajo en el que estaba, pero ya había pactado con su jefe el gringo una liquidación bastante buena, ya estaba comprando la maquinaria y todo. Su negocio fue un éxito y cuando empezó mi enfermedad, se dedico a ponerme ante mi hija como un mantenido y un pobre diablo y el resto de la historia pues ustedes ya se la saben…
Fue hasta entonces que Raúl habló y contó su experiencia: Dejen, les platico yo ahora. De forma oculta, mi esposa y yo, competíamos mucho, cada que alguno de los dos tenia un aumento de sueldo, el otro se sentía menos y veía la forma de obtener más. Al principio sucedía cada año, por que aumentaban los sueldos anualmente, pero luego fue que como en tu caso, cada quien inició actividades como vendedores, y era tal la competencia, que dejamos de comunicarnos cualquier cosa relacionada al trabajo. Como cuanto ganábamos, o de que proyecto nos estábamos encargando e incluso dejamos de compartir la ilusión que teníamos como recién casados de crear nuestra casa.

Al principio de la relación juntábamos nuestro sueldo, para obtener mejores cosas, como carro o ropa o muebles. Después competíamos por el mejor coche, la mejor ropa, los mejores lugares donde comer o donde compartir con sus amistades cada quien. Para salir de vacaciones, yo pagaba, era el hombre de la casa y debía solventar ese gasto. Disminuía entonces mis ahorros, pues ella era muy exigente y enseñó a mi hija a ser igual, mientras tanto ella cambiaba su coche por un último modelo, y mejor ropa.
Fue cuando decidí alejarme y tomar un empleo que me exigía viajar y ella ya no pudo competir conmigo por que ya no estaba a su alcance estar en esos sitios, y se dedico entonces a tener más amistades y más compromisos sociales, según ella compensando con esto, el estar sola en casa, ¿ella necesitaba distraerse no?, bueno eso era lo que me decía cuando hablaba yo a la casa y no la encontraba a veces por varios días.
de los hijos ni se diga: abandonados con los abuelos, con las tías, con quien fuera. Pero ellos no eran nada tontos ya se habían dado cuenta de nuestro conflicto y le sacaban el mayor provecho, a nuestra enemistad: si uno negaba el permiso el otro autorizaba de manera indistinta, y se iban de fiesta con el permiso del bueno de la noche y el otro ahogado en su enojo y rumiando su coraje planeaba el desquite para ser mejor que el otro.
Si llegaba tarde alguno de los muchachos, el malo de la noche lo recibía en la puerta, serio, solo le decía, ¡ya ves! ¡Por que no quería que fueras! eres desobediente y abusivo, deja que tu mamá o tu papá, según fuera el caso, lo sepa, vas a ver como te va. Nuestros hijos crecieron con puras amenazas, jamás les cumplíamos las supuestas sanciones, estábamos muy ocupados en nuestra competencia, a mí me da mucho coraje acordarme de esto y me siento muy culpable cuando pienso que tal vez por eso se suicido mi hija.
Pero desgraciadamente en los pleitos de la pareja, cuando no se enferma uno de los cónyuges, se queda viudo, por que la guerra es bien cruda y no nos damos cuenta de cómo sucede ni de cómo pararla. Pues quienes la salen pagando son los hijos, como me pasó a mí. Eso no me lo perdono jamás.
Y así fue que terminó la conversación de aquella vez con los amigos. No sé como después de un largo silencio, alguien cambió el tema y seguimos tomando.
LA GUERRA DE PODER EN LA PAREJA (PARTE I)
LAS PRINCESAS Y LOS PRINCIPES AZULES (PARTE II GUERRA DE PODER)
DE LA DECEPCIÓN AL FORZAMIENTO (PARTE III GUERRA DE PODER)
CONVERSACIONES DE LA GUERRA DE PAREJA (PARTE IV GUERRA DE PODER)















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